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divendres, 29 d’octubre del 2010

Un señor con nombre de chaqueta

El mundo del diseño parece que tenga que ser patrimonio de unas personas muy sofisticadas que tienen ideas geniales, la mayoría de las veces estos últimos lo único que hacen son cacharros o prendas con poca utilidad, sus creaciones raras veces se ven por la calle.
Las prendas que tienen éxito acostumbran a ser creación de personas que no tienen nada que ver con la moda, hoy en día los coolhunters o cazadores de tendencias se limitan a recoger de la calle lo que la gente normal inventa.

En una época en blanco y negro donde en este país la oferta era escasa, pocas prendas se habrán visto tanto en la calle como las humildes chaquetas que le hizo la Fina a su marido para que no pasara frio en las cárceles.
Es una chaqueta de un cómodo y sencillo punto elástico de canalé que permite cualquier movimiento, el hilo, grueso de una mezcla de lana con acrílico mas económico, con su cuello alto que cierra bien, la convierten en una prenda muy apropiada para protegerse del frio, aislante y cómoda, la complementan dos bolsillos laterales para resguardarse, si es necesario, las manos.

No creo exagerar si afirmo que después del pantalón de lona diseñado por Levis Straus, la chaqueta de la Fina es la segunda prenda de exterior más vendida en la historia de España.

Durante muchos años fue la pieza que llevaban los trabajadores, en Euskadi y Navarra se la conoce con el nombre de Arrantzale (chaqueta de pescador), luego fue adoptada también por una juventud urbana como símbolo de oposicion al régimen. Una empresa de Olot, "Privata", la introdujo en ambientes de mas capacidad adquisitiva, en Barcelona se la conoce aun como Vespa al ser ese el vehículo que junto a su hermano menor, el Vespino llevaba la juventud que la utilizaba.

Siempre ha sido una prenda de adolescente o de trabajo por su comodidad y versatilidad, hoy se vende más como ropa laboral o en la caza.
En la mayor parte de España se la conoce como Marcelino, hay muchos pueblos en los que la brigada municipal que desempeña su labor en el exterior lleva este diseño, por su versatilidad, comodidad y resistencia.

En Olot que es donde siempre se han fabricado aprovechando los retales de la abundante industria lanera para hacer el hilado, se las conoce como Camachos sin saber los mas jovenes exactamente el origen de su nombre.

Seguramente el secreto de su éxito está en la motivación de su creadora, Fina Samper hizo esa chaqueta con todo su amor para que su Marcelino no pasara frio y eso le hizo pensar en todos los detalles.

Levis Straus se hizo inmensamente rico explotando su diseño, Fina no sabe de esas cosas, su riqueza está la satisfacción de que su estimado marido resistiera mejor las penurias que le ocasionaban su lucha por la libertad y la democracia.


Hoy gracias entre otros al señor Marcelino Camacho, disfrutamos de las dos cosas y gracias a la gran mujer que inevitablemente siempre está detrás de cada gran hombre, de una chaqueta de lana de cuello alto con dos bolsillos.

Le acompaño en el sentimiento Fina.